Trabajo remoto: crónica de una derrota anunciada

Hernan Rocha, Consultor de empresas.

Trabajo Remoto, el renombrado método laboral, avanza desprestigiado, condenado, herido de gravedad. La pandemia le tendió una trampa. Cayó en ella, empujado sin querer por muchos jefes, sin dudas con buenas intenciones, pero sin muchas alternativas a la de tener que usarlo. Mal usarlo.

Trabajo Remoto fue explotado, forzado, maltratado. Recibió tres puñaladas, una tras otra. Fue luego declarado culpable de ineficiencia, quita de colaboración y causante de baja productividad… Todo, comenzó con aquella pandemia.

Puñalada 1: “Tu foco es tu realidad” (Yoda – Star Wars)

La pandemia, abruptamente envió a muchos a casa. Libres, y sin la respiración del jefe a su lado, quienes trabajaban en base a asignación de tareas, no tenían iniciativa. A veces no tenían qué hacer. El rendimiento bajó.

Por su parte, los jefes a quienes les costaba delegar, quienes creían en “el ojo del amo engorda el ganado”, sintieron que “perdían el control”, y se estresaron.

Trabajo Remoto puede producir grandes resultados cuando tiene que lograr objetivos, para lo cual recibe mucha confianza y le son delegadas responsabilidades. Le es difícil dar su 100% cuando el método es el de asignación de tareas, una por una.

Trabajo Remoto empezó a trastabillar y, cayendo, mientras recibía la primera puñalada directo en su corazón, empezó a perder probabilidades de ganar el Premio a la Mejor Herramienta de Equilibrio Vida Personal y Vida Laboral.

Puñalada 2: “La forma de comenzar es dejar de hablar y comenzar a hacer” (Walt Disney)

Ya mal herido, Trabajo Remoto confirmó que algo inusual sucedía, cuando abrió la puerta de su casa y encontró con su familia a pleno, como día de fin de semana, con los chicos queriendo jugar, y con cuestiones domésticas que atender.

Intentó compartir la mesa de la cocina, junto a los cuadernos de los chicos y los platos del almuerzo, y cuando no funcionó, se fue al living, pero el TV, el videojuego, la mascota y otra vez los chicos, lo hacían procrastinar. Terminó en el dormitorio, sentado en su cama… El wifi no llegaba muy bien, la plataforma de reuniones virtuales se interrumpía, y dormitó.

Trabajo Remoto soñó con el cómo era antes, cuando lo enviaban a casa tras planificar que estén las condiciones para dar todo su potencial: un lugar cómodo para estar varias horas, libre de distracciones, una buena internet, y disciplina para lograr concentración. En el sueño también apareció Mentor, una especie de superhéroe quien, a distancia, lo orientaba y ayudaba a corregir desvíos las primeras semanas. Despertó mal herido, sin entender por qué lo habían enviado a casa tan abrupta y masivamente.

Los jefes, a distancia, percibieron la baja en la productividad, la lentitud en las respuestas, la imposibilidad de realizar cosas que, estando todos en la oficina, resultarían más sencillas. Fue entonces cuando Trabajo Remoto recibió la segunda puñalada, en otro punto vital. Faltaba aún la tercera.

Puñalada 3: «Las grandes cosas en los negocios nunca las hace una sola persona; las hace un equipo de personas» (Steve Jobs)

Su mayor sorpresa fue cuando lo juzgaron por falta de “Colaboración”. Las empresas intentaron implementar algún mecanismo en ese momento, y nadie o pocos estaban acostumbrados a utilizarlos.

Sin tiempo de adaptación, Trabajo Remoto, hacía lo que podía.  El intercambio de conocimientos, opiniones e ideas, que normalmente fluye en reuniones, disminuyó. Parecía como que cada uno estaba en un locker separado y sin comunicación con el resto, salvo con el jefe, cuando abría la puerta del locker.

Sin tecnologías que la faciliten, Trabajo Remoto puso en jaque a la “Colaboración”. “Colaboración” sufrió, y mucho. Los jefes acusaron recibo de ello y Trabajo Remoto, que tenía todo para convertirse en una herramienta fundamental de fidelización de colaboradores, recibió entonces la tercera puñalada.

La derrota final

A medida que Trabajo Remoto se arrastraba con sus tres puñaladas, se hizo también llagas, como cuando los jefes empezaron a sufrir dificultades en su liderazgo y comunicación, y también cortes, cuando los procesos basados en papeles (no digitalizados), tuvieron variedad de inconvenientes que frustraron a muchos.

Trabajo Remoto, a pesar de toda su capacidad para reducir costos fijos en las oficinas, se vio de golpe siendo el villano en una película de superhéroes, o protagonista de una película de terror.

Desangrado, Trabajo Remoto reflexionó sobre las cosas que le fueron pedidas y que no pudo dar: todo había sucedido por insuficiente planificación y organización. Por eso era tan injusto que lo acusaran de caída en la productividad y creatividad. Lo apuñalaron, sin defensa. Y se vio derrotado.

Pasó la pandemia. Muchos decidieron volver a los mecanismos de trabajo pre-pandemia. Trabajo Remoto quedó con mala prensa. Muchos ahora descreen de él…. Y pasará algún tiempo hasta que vuelvan a llamarlo nuevamente.

Nota: el título de este artículo está inspirado en la novela “Crónica de una muerte anunciada”, de Gabriel García Marquez (1981)